El postre de Balcarce, el mate y las tortas fritas, la cocina mediterránea y las tradiciones portuguesas funcionan como puertas de entrada a historias diferentes, aunque todas tienen algo en común: la comida aparece como una forma de encuentro.
Balcarce y el postre que se convirtió en emblema
En Balcarce hay un sabor que resulta inseparable de la identidad de la ciudad. El postre local nació en 1950, con la creación de Guillermo Talou y su particular combinación de pionono, dulce de leche, crema, merengue, nueces y coco rallado. Una receta elaborada a partir de productos que sobraban de otras preparaciones se convirtió así en referencia gastronómica que trascendió las fronteras del lugar donde se originó.
Con el paso de las décadas, aquella idea pasó de las confiterías a convertirse en protagonista de una celebración que reúne a pasteleros, emprendedores, productores y visitantes. La Fiesta Nacional del Postre propone degustaciones, demostraciones culinarias, clases magistrales, concursos y espectáculos, siempre con el famoso postre como centro de la escena.
“La iniciativa pone en valor la gastronomía local, ya que el postre tuvo su origen en saber cómo aprovechar las claras de los huevos que se producen en la zona” , contó Rosario Tufro, subsecretaria de Turismo de la localidad.
La próxima edición será la número 22 y está prevista del 9 al 12 de octubre de 2026, en el predio de la Sociedad Rural de Balcarce. La fecha representa además una novedad para una fiesta tradicionalmente vinculada al invierno, ya que el traslado a octubre busca aprovechar el fin de semana largo y las condiciones más agradables de la primavera.
“Se organiza en colaboración con todos los pasteleros locales, porque cada pastelería y panadería tiene su propia receta y le aporta una impronta diferente. Es un postre de gran relevancia para la ciudad, que incluso se comercializa en otras localidades. La fiesta crece año tras año y cada edición logra convocar a más visitantes” , agregó.
Pero el atractivo de Balcarce excede ampliamente el universo de la pastelería. La ciudad se encuentra en un entorno serrano que invita a combinar la experiencia gastronómica con paseos, paisajes y patrimonio: es la cuna del automovilismo, lugar donde nació el multicampeón de la Fórmula 1, Juan Manuel Fangio.
Copetonas, entre mates, tortas fritas y conversación
Si en Balcarce el viaje tiene gusto a dulce, en Copetonas la escena cambia. En esta localidad del partido de Tres Arroyos, el mate y la torta frita son protagonistas de una celebración que recupera algunas de las costumbres más sencillas y queridas de la vida bonaerense y argentina.
La Fiesta del Mate y la Torta Frita propone justamente eso: reunirse. El mate circula, las tortas fritas llegan calientes y alrededor aparecen las charlas, los fogones, la música y las actividades que transforman durante un fin de semana la entrada del pueblo en un gran punto de encuentro.
“Todo comenzó cuando Copetonas fue reconocido como Pueblo Turístico y surgió la idea de organizar una fiesta para la comunidad. En las primeras ediciones se vendían alrededor de 100 tortas fritas, mientras que en las últimas llegamos a elaborar y vender cerca de 30.000”, detalló Manuel Reinoso, presidente de la comisión organizadora del evento.
La celebración ya forma parte de la identidad copetonense. Este año se desarrollará el 10 y 11 de octubre, sobre la Ruta 72, en el acceso principal a la localidad. El programa contempla fogones, artesanos, danzas folklóricas, espectáculos musicales y gastronomía, con opciones vegetarianas, veganas y sin TACC. La entrada es libre y gratuita.
“Recibimos visitantes que buscan disfrutar de esta tradición en un entorno privilegiado, entre el río, el mar y el paisaje del campo”, agregó Reinoso.
Hay algo especialmente atractivo en esta fiesta: toma dos elementos cotidianos y los convierte en motivo de viaje. El mate, compañero inseparable de tantas conversaciones, y la torta frita, asociada a tardes de lluvia, reuniones familiares y jornadas de campo, adquieren una dimensión colectiva.
Copetonas ofrece, además, la posibilidad de conocer el ritmo tranquilo de una localidad pequeña, donde el encuentro comunitario conserva un lugar central. La fiesta invita a recorrer, sentarse, escuchar música, compartir una comida y dejar que el paseo transcurra sin apuro.
Cabildo, una mesa con memoria mediterránea
En Cabildo, localidad del partido de Bahía Blanca, la gastronomía conduce hacia otra historia. Allí, la Fiesta de la Comida Mediterránea recupera las tradiciones de los inmigrantes y las vincula con el presente productivo de la comunidad.
La celebración nació con la intención de recuperar la memoria de los abuelos y abuelas inmigrantes. La cocina mediterránea se convirtió en el eje de esa propuesta, acompañada por música, danzas, artesanías y actividades relacionadas con el ámbito rural.
“En la carpa auditorio se concentra toda la propuesta cultural, con distintas charlas y actividades que sostienen una parte fundamental de la historia del pueblo: el ferrocarril, clave para el desarrollo. Es una experiencia bien autóctona” , expresó Fabio Angelini, delegado de Cabildo y miembro de la organización del evento.
Dentro de esa identidad, el olivo ocupa un lugar especial. El resurgimiento de la actividad olivícola en la zona impulsó una celebración que relaciona los antiguos saberes y aromas con los nuevos emprendimientos productivos. De esta manera, los platos, los ingredientes y las formas de cocinar permiten acercarse también a la historia rural del poblado.
En el escenario tradicional del Prado Español se reúnen productores, cocineros, emprendedores, artesanos y familias para compartir la jornada.
Cada preparación puede contar una historia de viaje, de adaptación y de arraigo. Las recetas que llegaron desde Europa encontraron nuevos ingredientes, otros paisajes y nuevas generaciones dispuestas a conservarlas.
“Nuestra localidad representa mucho del espíritu del sudeste bonaerense: un lugar tranquilo, prolijo y limpio. Acá se disfruta del sonido de los pájaros, de la brisa fresca y de un entorno libre de contaminación. Ese es, en definitiva, nuestro espíritu cabildense” , agregó.
En Cabildo, sentarse a comer es también acercarse a esa memoria.
Salliqueló, una celebración con raíces portuguesas
En el oeste bonaerense, Salliqueló guarda una de las historias más singulares vinculadas con la inmigración portuguesa. Allí funciona la Asociación Portuguesa de Socorros Mutuos, una institución fundada en 1916 y reconocida como una de las entidades portuguesas más antiguas de la Argentina. El 10 de octubre se conmemoran sus 110 años en el gimnasio del Club Cecil A. Roberts, esquina Unzué y Pellegrini. .
La presencia portuguesa se expresa en encuentros donde la gastronomía, la música, las danzas y las costumbres funcionan como una manera de mantener vivo el vínculo con los antepasados. La institución reúne a inmigrantes y sus descendientes y conserva expresiones culturales que atraviesan generaciones. Entre ellas aparecen las danzas tradicionales y la gastronomía, dos manifestaciones especialmente importantes para comprender cómo una colectividad mantiene sus raíces mientras forma parte de la comunidad que la recibió.
“Según cuentan las familias, desde que comenzaron a llegar los primeros portugueses al país, muchos se instalaron directamente en el oeste bonaerense. Esa presencia está ligada a los propios orígenes de Salliqueló y dejó como legado valores muy importantes, como la solidaridad y la costumbre de ayudarse mutuamente. También trajeron consigo la necesidad de reunirse, fraternizar y mantener vivos los recuerdos y las tradiciones de su tierra. Con el paso del tiempo, fueron llegando nuevas familias, muchas de ellas para trabajar en el campo y, especialmente, en las huertas”, detalló Adrian Zecchin Corceiro, presidente de la entidad.
La historia de la Asociación Portuguesa también habla de un fenómeno muy presente en distintos pueblos bonaerenses: las sociedades de inmigrantes como espacios de encuentro, ayuda mutua y preservación de las costumbres. En Salliqueló, esa historia tiene una particularidad: se trata de una institución que logró atravesar más de un siglo y continuar vinculando a distintas generaciones con la cultura portuguesa. “Damos clases de danzas típicas y cursos de idioma, organizamos ciclos de cine y preparamos comidas tradicionales para celebrar las fechas patrias portuguesas y el aniversario de la institución”, agregó Corceiro.
Los festejos y encuentros organizados por la entidad permiten acercarse a esa identidad a través de la música, los trajes tradicionales, las danzas y los sabores. La experiencia turística, en este caso, propone mirar la gastronomía como parte de un patrimonio cultural mucho más amplio.
“Actualmente, la Asociación es el punto de encuentro de una de las comunidades portuguesas más grandes del país. Sus descendientes siguen formando parte de la vida de la ciudad y mantienen vivo este legado a través de la institución, con el compromiso de preservarla idiosincrasia portuguesa que forma parte de la historia de Salliqueló” , finalizó.
Para quien recorre Salliqueló, conocer esta tradición significa descubrir una parte de la historia inmigratoria de la provincia de Buenos Aires.Fiestas que invitan a mirar más allá del plato. Detrás de una receta hay familias, inmigrantes, productores, instituciones y vecinos que sostienen costumbres y las transmiten a quienes vienen después.
Por eso, recorrer estas celebraciones puede convertirse en una manera diferente de conocer los destinos turísticos bonaerenses. Un viaje donde los caminos conducen a pueblos y ciudades, pero también a mesas compartidas, recetas antiguas y relatos que siguen pasando de una generación a otra.